10 nov 2006

Capítulo II

- ¿Qué trajiste de comer?- preguntó Flor.
- ¿Vos? – desvió Delfor.
- Un pedazo de pan de carne y unas lentejas. ¿Vos?
- Me voy a comprar un sánguche de milanesa. Los de acá a la vuelta...
Flor se quedó sola, y a los dos minutos llegó el pedido que no quería recibir. Sandro entró muy despacio y, como de costumbre, se quedó parado y silencioso, al lado de la puerta, hasta que alguien se percatara de su presencia. Sin levantar la cabeza ella le dijo:
- Ya te vi, ¿eh?.
-Ah. Hola. Vine por lo de los... - y señaló el paquete envuelto en papel madera. También intentó esbozarle una sonrisa a Florencia. Pero era inútil. Ni se iba a dar cuenta.
- Permiso...
- ¿No te dije que pases?
- Ah. No te escuché... Perdoná la hora, veo que estás comiendo...
Florencia tragaba la comida y escuchaba. Ponía todo su esfuerzo en no prestarle atención. No fuera a ser que éste se pensara que ella se dejaba toquetear así nomás, por cualquier pelandrún. En cambio Sandro era tan torpe, que su enamoramiento se hacía alevoso.
Flor es constante en su forma de vestir; jeans, camiseta de mangas largas, y se pone siempre las mismas zapatillas. En la muñeca lleva una pulserita de cuero trenzado que le regaló su tía, cuando tenía ocho años. Pero nada demasiado colorido.
El atuendo de Sandro consta de: jogging, remera de algún grupo de rock, y zapatillas. Tiene el pelo castaño oscuro y muy largo, lo cual afina bastante los rasgos.
- Si querés avisame cuando termines, yo puedo esperar en la puerta.
- No, dale. Reviso todo ahora así ya te vas.